Punto culminante del archipiélago maltés frente al Mediterráneo, los acantilados de Dingli ofrecen desde la ciudad amurallada de Mdina una salida en bicicleta corta y accesible, entre meseta caliza, olivos y una vertiginosa vista al mar.
El recorrido
Desde Mdina, antigua capital medieval encaramada en su peñasco, la carretera serpentea unos 10,5 km a través del campo de Rabat hasta el pueblo de Dingli y luego hasta los propios acantilados, con un desnivel modesto de apenas un centenar de metros. El trazado, sobre pequeñas carreteras asfaltadas, atraviesa campos en terrazas típicos del paisaje rural maltés.
Una salida accesible para todos
La ausencia de relieve marcado la convierte en una de las pocas salidas verdaderamente familiares de la isla, practicable tanto por ciclistas poco entrenados como por niños en una bicicleta adecuada. El esfuerzo depende más de la exposición al viento y al sol que del desnivel.
Cuándo ir
De octubre a mayo, ya que el calor estival y la falta de sombra hacen la salida penosa en pleno verano. La primavera ofrece un campo especialmente verde y florido, antes de que amarillee bajo el sol mediterráneo.
Bueno saber
Mdina, ciudad silenciosa de callejuelas medievales cerradas al tráfico, y Rabat, su vecina más animada, ofrecen todos los servicios antes de salir. En los acantilados, la pequeña capilla de Santa María Magdalena y la panorámica sobre el islote de Filfla merecen una parada antes de retomar la carretera.
